julio 18, 2007

El llanoptero: planito.. planito... planito


los oídos, por fin, un día lo logré. Una hamaca, la noche y el silencio. Aunque con aquello del silencio no hacía más que engañarme. Lo escuché: el sonido de la tierra.
Tanto tiempo viviendo en la ciudad, el oído llega a acostumbrarse al sonido de las luces de neón y el crujir del cemento. pero ahora lo logré, supe que la tierra se movía se desplazaba y lo desplazaba a uno con ella. Bajo nuestros pies, la grava y las piedras se entrechocan, cuando el movimiento es excesivo, aparecen como altos premios las montañas y las cimas. Pero no siempre es así, hay lugares en los que el tiempo y la tierra se mueven tan lento que no producen más que sonido:el sonido de la tierra que cruje al vaivén de la hamaca. Dejo la "ineluctable modalidad de lo audible", para adentrarme en lo visible. Es fácil observarlo: la redondez de la tierra, la forma entera de las nubes, los ríos que corren y se desbordan, las planicies abordadas por palmas que formas riachuelos. Entonces descubro (casi doscientos años después de los impresionistas)el valor de la luz, la cualidad de un paisaje y la que cientos de páginas no han logrado: el mundo, al igual que yo, está vivo; al caminar consiento su ser, al dormir escucho su rugir, al notarlo, lo siento y una vez lo he sentido, no puedo hacer otra cosa que añorarlo por el hecho de no poder aprehenderlo. Eso es el llano: una exaltación de los sentidos que no hace más que sonar una y otra vez en los sueños: soñamos con imágenes de edificios y calles asfaltadas, pero ahora es mucho mejor, podemos dormir tranquilos porque sabemos que bajo ese edificio, ese puente y esa calle, la tierra ruge al igual que en los llanos.

1 Comments:

  • At 12:11 a. m., Anonymous Anónimo said…

    Despues de regresar del Chocó te entiendo a la perfección, no es lo mismo pero es igual. Te debo mi escrito.

     

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